(Guayaquil, 01 de diciembre).- El polo históricamente estuvo ligado a la clase alta, ya sea por el costo que demanda el deporte o por el público seguidor. Pero en Argentina, y en otros países del mundo, hay una forma más económica y diferente de jugarlo. Es un deporte totalmente distinto pero que mezcla esa disciplina con las bicicletas. En Capital Federal hay un sólo punto de encuentro donde los fanáticos juegan y fuimos hasta ahí para conocerlo de lleno.

bike-polo foto

En la Plaza Unidad Latinoamericana (Acuña de Figueroa y Costa Rica, Palermo) se reúnen todos los martes y jueves por la noche un grupo de personas a jugar bike polo o bici polo. La cita es a las 21 horas y van llegando minutos antes para poner a punto las bicicletas o simplemente charlar. El número de integrantes varía según las obligaciones de cada uno. El fin es pasar un buen momento haciendo el deporte que les gusta. Al ser al aire libre, está estipulado que se suspende en caso de lluvia. “Es abierto tanto para hombres como para mujeres. Quien quiera, viene y prueba lo que es el juego. Las reglas son básicas para poder empezar”, indica Guillermo, que juega hace más de un año. Este deporte llegó a Argentina en el 2010 por un francés llamado Pier, que fue quien descubrió incluso la plaza donde hoy juegan en Buenos Aires. Pablo o “Poio” -como es conocido en el grupo- fue uno de los primeros jugadores argentinos y también amigo del mismísimo Pier: “Él jugaba en Estados Unidos, donde vivía, y nos dijo de juntarnos. Empezamos y éramos tres o cuatro. Los que nos veían, nos decían “qué ridículos”. Nosotros también lo pensábamos (risas)”. El bike polo tiene dos torneos fijos cada año, que son el Nacional y el Sudamericano -que hace un tiempo pasó a ser Latinoamericano-. En el Nacional, generalmente, se anotan 20 o 25 equipos que se representan a sí mismos bajo el nombre que quieren. No es que ingresan en representación de alguna provincia o algo por el estilo. Como el deporte está en pleno desarrollo, todavía no está reglamentado ni cerca del profesionalismo. “Hay tan pocos equipos en el mundo que no da para poner tantas leyes”, detalla Martín, uno de los más hábiles en la cancha. Pablo, que tiene 35 años y está en el ruedo hace casi seis, confiesa: “Este deporte yo creo que existe por el Internet, sino creo que ni se jugaría acá en Argentina”.

Para entender un poco el deporte, hay que aclarar algunas reglas. Los partidos duran 12 minutos o un total de cinco goles en una cancha de 20×40 (aproximadamente); no se puede tocar el suelo con los pies -o sea que hay que mantener el equilibrio arriba de la bici-, si uno lo toca, debe ir hasta uno de los extremos de la mitad de la cancha y golpear el taco contra el suelo para volver a estar habilitado; y no hay una cantidad mínima de pases para que se pueda anotar. Los arcos se asemejan a los del hockey sobre patines y para dar comienzo al juego, la bocha se ubica en la mitad del campo y los tres jugadores de cada equipo se posicionan detrás de la línea de su arco. Acto seguido, gritan “polo” y salen en velocidad para hacerse de la posesión de la bocha. Algo frecuente, para todos los que empiezan, es que las primeras veces casi no tocan la bocha. Esto es debido a que están más concentrados en poder mantener el equilibrio de la bicicleta, que en leer el desarrollo del juego. En la actualidad, sólo se juega en algunos lugares de Argentina: Rosario, que empezó casi contemporáneo a Buenos Aires, Villa Constitución, Santa Fe y Córdoba. Anteriormente, se había jugado también en Chaco y Corrientes, por ejemplo. Un hecho que contribuyó a la difusión del bike polo en Argentina fue el Sudamericano 2012, que lo organizó Buenos Aires en octubre de ese año. Dicha organización contó con el apoyo del Gobierno de la Ciudad, que permitió la utilización del espacio y habilitó una ambulancia -que era una de las condiciones para poder realizar el certamen-.

bike

El bike polo todavía es muy nuevo en el país y carece de profesionalidad pero eso no quita que quienes lo juegan lo tomen en serio. “Nosotros lo tomamos como hobby y deporte”, expresa Guillermo. Después, Martín concluye: “Es una pasión amateur. A nivel europeo no te digo que es conocido o profesional pero hay otra onda. Acá es pulmón y más pulmón”. De todos modos, Pablo no deja de soñar con que el deporte tenga un salto de calidad: “Tengo la esperanza, todavía no la perdí, de que en algún momento lo van a agregar -no queda otra- a los Xtreme Games. Creo que encuadraría bastante pero todavía sigue siendo muy invisible”.

Como todo deporte amateur, está abierto a recibir gente nueva. Así lo indican también en su grupo de Facebook: Buenos Aires Bike Polo. Ahí invitan a los interesados a acercarse con sus bicicletas para conocer el deporte y divertirse. La intención es que el bici polo adquiera conocimiento y, obviamente, adeptos para su mayor desarrollo. El bike polo es una pasión amateur que no para de crecer.

Comentarios

comentarios